Actividad Jueves

Explicación Litúrgica de la Cena del Señor

Oración del jueves a la mañana

Oración de la noche

¿Qué pasó el Jueves Santo?

El Jueves Santo se conmemoran dos hechos fundamentales. En primer lugar, en este día, Jesús compartió la cena de Pascua con sus discípulos en la llamada Última Cena, en la que instituyó la Eucaristía. Para perpetuar en el mundo este cariño infinito que se concentra en su Pascua, Jesús se nos entregó del todo, con su Cuerpo y su Sangre, en un nuevo memorial: el pan y el vino. Cada vez que vamos a comulgar, lo recibimos a Él. Por eso este día es tan importante para la Iglesia.
También se recuerda el lavatorio de pies. Jesús les lava los pies a los Doce. Siendo Dios, se pone al servicio nuestro, dando el ejemplo de humildad absoluta. También nos anuncia, pocas horas antes de la crucifixión, el amor más grande:

Ámense los unos a los otros como Yo los he amado

En este mandamiento, el mandamiento del amor, se cumplen todos los demás.
Al final de la jornada, Jesús va a orar al Monte de los Olivos, donde sería identificado por Judas y capturado por los sacerdotes y miembros de Sanedrín.

¿Qué celebramos el Jueves Santo?

El jueves por la tarde arranca el Triduo Pascual. Es una celebración de tres días que consta de tres partes dividido en tres días:

  • Cena del Señor (Jueves Santo)
  • Celebración de la Cruz (Viernes Santo)
  • Vigilia Pascual (Sábado Santo)

La Cena del Señor es la primera parte de esta celebración en la que vivimos la Última Cena de la misma forma que lo hizo Jesús con sus apóstoles. Se conmemoran: el lavatorio de pies (en la que el sacerdote les lavará los pies a 12 personas), el mandamiento del amor y, sobre todo, la institución de la Eucaristía. La Cena del Señor finaliza con una adoración al Santísimo Sacramento, haciendo referencia a la oración de Jesús en el Huerto de los Olivos.

Evangelio del día

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Juan

Jn 13, 1-15

Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, él, que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin.
Durante la Cena, cuando el demonio ya había inspirado a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarlo,
sabiendo Jesús que el Padre había puesto todo en sus manos y que él había venido de Dios y volvía a Dios,
se levantó de la mesa, se sacó el manto y tomando una toalla se la ató a la cintura.
Luego echó agua en un recipiente y empezó a lavar los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía en la cintura.
Cuando se acercó a Simón Pedro, este le dijo: “¿Tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?”.

Jesús le respondió: “No puedes comprender ahora lo que estoy haciendo, pero después lo comprenderás”.
“No, le dijo Pedro, ¡tú jamás me lavarás los pies a mí!”. Jesús le respondió: “Si yo no te lavo, no podrás compartir mi suerte”.
“Entonces, Señor, le dijo Simón Pedro, ¡no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza!”.
Jesús le dijo: “El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque está completamente limpio. Ustedes también están limpios, aunque no todos”.
El sabía quién lo iba a entregar, y por eso había dicho: “No todos ustedes están limpios”.

Después de haberles lavado los pies, se puso el manto, volvió a la mesa y les dijo: “¿comprenden lo que acabo de hacer con ustedes?
Ustedes me llaman Maestro y Señor; y tienen razón, porque lo soy.
Si yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros.
Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes.”

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús.