Un joven soñó que se había extraviado por los campos del Señor. Andando y andando llegó a las puertas del mismísimo paraíso…


Hola amigo. Te propongo a que te dediques este rato para vos. Para cuando tengas ganas. Te invito a que busques un lugar en donde puedas estar cómodo, tranquilo. Si podés andá al aire libre. Buscá una hoja y un lápiz, y cuando estés, ¡arrancá!


Un joven soñó que se había extraviado por los campos del Señor. Andando y andando llegó a las puertas del mismísimo paraíso. ¡El susto que se pegó cuando lo atendió el mismísimo San Pedro y lo dejó entrar por una puerta del costado! ¡Quedó atónito frente a lo que observaba! 

Justo había ingresado en una gran tienda que contenía lo mejor del ser humano. Los mejores dones estaban a disposición de quienes transitaban por ahí: la paz, la alegría, la felicidad, la honestidad, la fraternidad, el amor entre nosotros.

Detrás del mostrador se encontraba un amable ángel.

Joven: ¿Qué venden aquí?

Ángel: Todo lo que tu corazón desee.

Joven: ¿Cobras muy caro?

Ángel: No, los dones de Dios siempre son gratuitos.

Sin atreverse casi a creer lo que estaba oyendo, el joven se decidió a pedir lo mejor que un ser humano podría desear.

Joven: Deseo que haya paz, perdón, amor, felicidad, sabiduría y ausencia de todo temor.

 Y luego, tras un instante de vacilación añadió:

Joven: Todo esto no lo quiero solo para mí, sino para todo el mundo. Quiero que desaparezca el hambre del mundo, que terminen las guerras, quiero más justicia, tolerancia y generosidad hacia los más desprotegidos, más amor en las familias, trabajo para todos los desempleados, y más unión en la Iglesia.

Y así continuó con un largo listado. Mucho se sorprendió el joven cuando observó que el ángel, de todo lo que le había pedido, le había hecho un solo paquete, tan pequeño como el tamaño de su corazón.

Joven: ¿Será posible? ¿Esto es todo?

 Y el ángel pacientemente le explicó:

Ángel: ¡Dios nunca da frutos maduros! Él solo da pequeños semillas que cada uno debe cultivar.


¿Cómo viene esa cuarentena?¿Se te está haciendo larga?¿Los días te pasan rápido o lento?¿Te aburrís?¿Querés salir y juntarte con amigos? Capaz hasta no sepas que día es hoy. 

Toda nuestra rutina por un tiempo se paró, justo estando en Cuaresma. Pero qué bien nos viene este tiempo para nosotros, para tratar de disfrutar el estar en casa, en compartir con nuestras familias aunque capaz por momentos se vuelva difícil. Por eso quiero preguntarte:

¿Cómo estás hoy? No contestes “bien“, “mal“, “tranqui“. Te pregunto de nuevo, ¿Cómo estás hoy? ¡Andá un poquito más adentro tuyo, animate! ¿Cómo está tu corazón?

Te propongo que hagamos este trabajito. Leé esta lista de gerundios:

Admitiendo – Agradecido – Amando – Asustado – Ayudando – Bailando – Buscando – Boludeando – Compartiendo – Corriendo – Deseando – Diciendo – Despertando – Encontrando – Estudiando – Eligiendo – Escuchando – Extrañando – Feliz – Haciendo – Hablando – Llorando – Llamando – Observando – Interiorizando – Intentando – Preocupado – Puteando – Perdonando – Rezando – Riendo – Replanteando – Temiendo – Tranquilo – Silencioso – Solo – Viviendo – Valorando – Soñando 

¿Sabes qué son los gerundios? Son una forma verbal definida como una conjugación del verbo que demuestra una acción. Por eso, con estos gerundios te invito a que trates de ver como esta tu corazón, de ver cómo estás realmente.

Tomate un rato y escribí en la hoja cuáles son y si querés desarrollá por qué los elegiste. (Podés usar otros también).

A veces, está bueno parar por un rato para ver cómo estamos de verdad. Tratando de ir un poco más profundo, saliendo de nuestras comodidades. Encima ahora, algo que nos sobra es tiempo. ¡Qué mejor momento que esta Cuaresma en cuarentena para hacer introspección! En la Cuaresma buscamos preparar nuestros corazones para la Resurrección. Es un tiempo de reflexión, de perdón, de reconciliación. Es el momento para trabajar esas cositas que nos cuestan, que nos incomodan. Jesús nos invita a aprovechar este tiempo para conocernos más. 

Por eso ya habiendo pensado cómo estoy hoy, te propongo que pienses: 

¿Cuáles son estas pequeñas semillas que querés que Dios te regale? ¿Cuáles son esos dones que querés o te gustaría trabajar en esta Cuaresma?

 Anotalos en la hoja.

Dios nos regala estas semillas con mucho amor, sabiendo que nosotros podemos cultivarlas y hacerlas madurar. Aunque nos cueste, se nos haga difícil o no sepamos cómo.

Te invito a que en este tiempo que estamos pasando en casa, con nuestras rutinas frenadas, busques cultivar estas semillas para que en esta Semana Santa den fruto. Y no nos olvidemos, nosotros los jóvenes, que tenemos muchos dones que Dios nos regaló con mucho amor para compartir y explotar con las personas que nos rodean. Aprovechemos este momento.